Ramos, clavos y martillo

Ramos, clavos y martillo
Conjunción del amor y el odio

Hay una frase muy conocida que dice lo siguiente: Del amor al odio hay un solo paso. Y es lo primero que me vino a la cabeza después de leer lo que sucedió en Jerusalén, cuando Jesús vivía allí. Entonces me pregunto: ¿Cómo es que aquella gente que idolatraba a Cristo, especialmente por sus milagros, después pide que lo crucifiquen? Y me digo: Tienen que haber sido grupos de personas distintos. En cambio nosotros, sabiendo los beneficios de tener a alguien que cura y hace milagros, lo hubiéramos cuidado mucho, para que dure. ¿Verdad?

Continué cavilando acerca de las razones, o sinrazón, de aquél pueblo para pedir la muerte de Jesús, lo cual tal vez sólo se explique por la necedad. Distinto es el caso de los escribas y sacerdotes del templo, que piden la cabeza del milagroso hombre de Nazaret por envidia, por temor a que les quite «clientela», o porque les molestaba que Cristo tire abajo todo el tinglado religioso que habían armado. Aunque al final, creo que también pidieron la muerte del Hijo de Dios por la misma razón del pueblo: Necedad. Pero vamos a dejarlo en desconocimiento y cerrazón del corazón.

Y esto de la necedad, la cerrazón del corazón y el desconocimiento –me pregunto– ¿Sólo les pasó a aquellos o a nosotros también nos sucede? Para entendernos, lo podemos pensar en clave de domingo de ramos: Hay ocasiones en las cuales, nuestro trato a familiares, amigos y hermanos, es de alegría, aprobación, alabanza y mantos tendidos en el suelo, pero por razones que a veces ni nosotros entendemos, pasamos de las palmas y los ramos a los clavos y el martillo. Justificativos y explicaciones puede haber muchas, pero lo cierto es que nuestros cambios, y pasos del amor al odio, tienen un parecido al actuar de la gente del tiempo de Jesús.

Entonces concluyo que lo importante de este domingo no está en entender el modo de actuar necio de los que alaban y condenan, con los mismos labios. Lo que realmente pesa de este evangelio es la razón por la que Dios obra del modo que lo hace, dejando que su Hijo sufra la pasión y muera. Y si logramos asimilarlo, entonces nos veremos movido por algo mucho más profundo, que se parece a Dios.

Hay unos versos de un soneto que, aunque dicen que es de autor anónimo, se atribuye a san Juan de Ávila. Estas rimas nos indican el camino para entender el obrar de Dios. Dicen así:

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

Es el amor el que mueve a Dios a hacer lo que hace. No hay otra razón. Y para comprender aún más, pensemos esos versos como dichos por Dios hacia nosotros. Es la explicación del por qué de su pasión y su muerte: Porque nos ama. Pero sabemos que aquél soneto fue escrito por una persona que le habla a Dios. Es alguien que ha entendido, con profundidad, la razón de la cruz y el sufrimiento. Y por tanto es capaz de todo, sólo por amor a Dios.

En nuestro caso, ojalá que podamos entender y aprender que sólo por amor vamos a ser capaces de abrazar y aceptar la cruz, para después llegar a la Resurrección. ¿Qué debería movernos para aceptar al hermano? El amor. ¿Qué razón tenemos para aceptar sufrimientos y sacrificios? El amor. Esta es la invitación del domingo de ramos: Aceptar la pasión, la cruz y la muerte, por la única y misma causa que llevó a Jesús al patíbulo: El amor

Entonces sí, una vez que hemos hecho nuestra la única y gran razón del obrar de Dios, podremos cantar versos como los del siguiente soneto:

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte. 

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte. 

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera. 

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

diosytuadmin