Qué ves

Morir engendra una vida nueva y divina...
Acto de amor de Dios…

Juan 3, 13-17
Jesús dijo: «Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. De la misma manera, que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en Él tengan Vida eterna. Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él».
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Captura de pantalla 2014-09-14 a la(s) 09.14.39Cuando yo tenía seis años vi, en un libro sobre la selva virgen que se titulaba «Historias vividas», una magnífica lámina. Representaba una serpiente boa que se tragaba a una fiera […] Reflexioné mucho en ese momento sobre las aventuras de la jungla y a mi vez logré trazar con un lápiz de colores mi primer dibujo. Enseñé mi obra de arte a las personas mayores y les pregunté si mi dibujo les daba miedo.
—¿Por qué habría de asustar un sombrero?— me respondieron.
Captura de pantalla 2014-09-14 a la(s) 09.14.48Mi dibujo no representaba un sombrero. Representaba una serpiente boa que digiere un elefante. Dibujé entonces el interior de la serpiente boa a fin de que las personas mayores pudieran comprender. Siempre estas personas tienen necesidad de explicaciones. Las personas mayores me aconsejaron abandonar el dibujo de serpientes boas, ya fueran abiertas o cerradas, y poner más interés en la geografía, la historia, el cálculo y la gramática. De esta manera a la edad de seis años abandoné una magnífica carrera de pintor. Había quedado desilusionado por el fracaso de mis dibujos. Las personas mayores nunca pueden comprender algo por sí solas y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones.

Este pasaje de «El principito», de Antoine de Saint – Exupéry, seguramente muy conocido, puede valernos para reflexionar acerca del evangelio. Es verdad que hoy tenemos la celebración de la Exaltación de la cruz, y en principio nada tiene que ver con los dibujos de un niño de seis años, aunque a lo mejor sí tiene que ver con descubrir qué vemos y, por consiguiente, qué celebramos en este día.

Al menos desde que tengo uso de razón, especialmente referida a la conciencia de la fe y la religión, descubro que gran parte de mi educación religiosa se centró en el cielo y el infierno, el premio y el castigo y la culpa, especialmente asociada a los sufrimientos de Cristo en la cruz. Incluso hoy sigo escuchando, de curas, monjas, catequistas y cristianos sin más, un discurso muy similar: Los pecadores, los malos, los culpables, seguimos siendo la causa de que Jesús termine clavado en una cruz. Y nuestros males lo siguen perpetrando en ese lugar atroz.

Por supuesto que no todo es así, ni todos piensan de ese modo, pero la exaltación del dolor, la sangre, la cruz, los clavos, el sufrimiento, pareciera, siempre quedaron en el frontispicio de nuestra fe y religión. Y claro que los cristianos nos diferenciamos por esto que vivió y padeció Cristo, pero creo que nos hemos quedado sólo con un parte del todo y no vemos, como no vieron los mayores del Principito, lo que significa el Hijo de Dios en la cruz en su conjunto, lo que se ve y lo que no se ve.

Aquél niño estaba seguro de que todos verían una boa que digería a un elefante. Para él no era necesario tener que pintar el elefante dentro de la serpiente, para que se entendiera lo que él había imaginado, después de leer un libro sobre la vida en la selva. Pero a pesar de enseñar un nuevo dibujo que presentaba la boa y el elefante dentro de aquella, los mayores siguieron sin aceptar y entender lo que, tal vez, el niño pretendía: Darles miedo, impresionarlos, con su dibujo.

Los cristianos, o al menos un gran número, y muchos no cristianos, a mi entender, somos los mayores que no terminamos de asimilar lo que significa Jesús en la cruz. De hecho hay personas que siguen cuestionando por qué Dios tuvo que hacer sufrir a su hijo de ese modo. ¿Acaso no podía salvar a la humanidad —argumentan— de otra manera? Y esto seguramente es influencia de la cultura del no-dolor que está implantada y también por no encontrar sentido al crucificado. Y si se acepta la cruz, sólo se ve sufrimiento y muerte. Con lo cual, haciendo la analogía con la historia inicial, sólo se ve un sombrero o no tiene sentido el dibujo del pequeño e incipiente pintor.

Si queremos ver y entender el conjunto de lo que significa la cruz, tendremos que dejar de lado todo pensamiento que nos lleve a creer que Dios quiso impresionarnos, darnos miedo, mostrar la injusticia o la maldad del ser humano que llega a matar a quien le trae salvación. Y en su lugar tenemos que aprender a ver y asimilar el amor que Dios Padre nos tiene. La cruz, cobra sentido, cuando vemos lo que no es evidente a primera vista. Cristo en un madero salva por el amor manifiesto en aquél acto, no por el gran dolor. Jesús abre los brazos y deja que lo crucifiquen para expresar hasta dónde puede llegar el amor de Dios por nosotros, que incluso es capaz de asumir la peor muerte que un ser humano podía sufrir en su tiempo. Y desde ahí, desde ese pozo, desde lo más bajo, se levanta el amor, la salvación de Dios.

Finalmente, si de verdad entendemos y queremos seguir al Cristo de la cruz, dejaremos de tener una sólo una actitud pasiva, soportando lo sufrimientos y dolores que nos vienen, como único camino de salvación, sino que además adoptaremos una vida activa que busca, decididamente, amar como amó Jesús, hasta las últimas consecuencias. Y, tal vez, a causa de querer amar como ama Dios, entonces aceptaremos los sufrimientos y los dolores que, amar de verdad, nos puede traer.

Hoy, se me ocurre, en lugar de celebrar la Exaltación de la Cruz, deberíamos festejar la Exaltación del Amor.

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