Practicantes

Viña del SeñorMateo  21, 28-32
Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:  «¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: «Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña». Él respondió: «No quiero». Pero después se arrepintió y fue. Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y éste le respondió: «Voy, Señor», pero no fue.  ¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre? »  «El primero», le respondieron.  Jesús les dijo: «Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios. En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él».

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Poesía de León Felipe - Altura

Este poema de León Felipe, titulado «Altura», al menos a mí, me hace pensar en cómo nos verá Dios. Pero al mismo tiempo creo que él no se hace a una idea o imagen fija, inamovible, imposible de cambiar. Y el evangelio de hoy nos pone ante esta perspectiva. Rompe, no sólo los esquemas de quienes escuchaban al nazareno, sumos sacerdotes y ancianos del pueblo, sino que también nos desconcierta a nosotros.

La conclusión a la que llegamos, después de leer el ejemplo de los dos hijos, obediente y desobediente, seguro que es la misma que hemos leído: El primero, el que dijo no, pero después fue, ese cumplió la voluntad del padre. Y después, viene el desconcierto. No porque no lo entendamos, sino porque sorprende que, según Jesús, los que se portan mal, las prostitutas, los publicanos, llegan antes al Reino de Dios. Y digo que nos sorprende porque, tal vez en nuestra época, no nos parece justo que, por ejemplo, un ladrón o un corrupto, un adúltero o un homosexual vaya al cielo, antes que nosotros, que somos medianamente buenos cristianos.

Nosotros decimos que el que se porta mal se va al infierno, o al purgatorio en el mejor de los casos, pero lo lógico es que si no se hace bien los deberes, si no se cumple, entonces lo que corresponde es que no se gane el cielo. Y hoy Jesús viene a decirnos que no todo está escrito y firmado. Nos dice que hay que hacer camino y que el desenlace puede ser muy distinto al que pensamos.

El poema de León Felipe, desde sus versos, me parece que viene a decirnos, salvando las distancias, lo mismo que el evangelio. Dios no se deja llevar por las apariencias y las etiquetas que ponemos, sino que mira en otro lado y ese lugar es el corazón y los hechos, nuestros actos, y no cierra nada hasta el último instante. Es que a mil metros –parafraseando a León Felipe– debe de ser lo mismo / la toca de una bruja que el capuchón de un santo.

Y dede aquí, teniendo en cuenta que el mensaje central de Jesús es que lo importante es hacer la voluntad del padre, deberíamos pensar que, ya seamos el hijo que dice no, pero al final va, o el otro que después no va, lo importante es que siempre se puede cambiar, rectificar, mejorar, finalmente ir a trabajar a la viña. Esos, como tal vez las prostitutas o los publicanos, son los que se ganan el cielo, porque al final aceptan trabajar en el campo del Padre.

Además, este evangelio nos llama, hoy, a rescatar lo que de verdad significa ser cristiano. Es que a lo largo de los siglos, ser seguidores de Cristo fue, a mi entender, convirtiéndose en el cumplimiento de muchos ritos, normas y formas y tal vez dejando un poco de lado lo esencial. ¿Por qué pienso esto? Creo que la respuesta la podemos encontrar si respondemos a lo siguiente: ¿Qué estamos diciendo cuando decimos que somos practicantes? Sí —afirman muchos sin dudar— soy católico practicante. ¿Y qué significa eso? ¿Cumplir con las normas y preceptos de la religión? ¿Ir a misa los domingos y fiestas de guardar? ¿Hacer los ayunos correspondientes y confesarme al menos una vez al año y rezar las oraciones y cumplir con las normas de piedad?

Ser católico practicante, creo que nos dice el evangelio, es justamente hacer la voluntad del Padre, es decir, hacer lo mismo que hizo Jesús. Entonces sí nos iremos al cielo, porque somos cristianos, de Cristo, practicantes, porque practicamos lo que hizo Cristo: Amar y dar la vida. Ser practicante es practicar el amor al prójimo, el perdón, la caridad con los demás, al solidaridad, es no odiar, ni desear mal a nadie. Son los hechos que identifican al Jesús los que debe vivir quien se dice practicante. Y si pensamos que sólo cumpliendo lo que la Iglesia manda, en cuanto a ritos y normas de piedad, entonces somos sacerdotes y ancianos del pueblo. Y claro que es posible que alguien que creemos malo, si al final hace lo que Dios le pide, termine ganándose el Reino de Dios. nos guste o no. Y nosotros, que pensamos que ya lo tenemos, al final lo veamos por televisión, sin poder participar.

Y si creemos que más bien estamos del lado de los pecadores, entonces las oportunidades están al alcance. Nada está escrito para siempre. Es posible cambiar nuestro final y nuestra historia. Dios está esperando que, aunque hayamos dicho no al principio, finalmente digamos sí.

Son los actos, los hechos, nuestras acciones parecidas a las de Jesús, las que nos ganan el cielo y no tanto las teorías, aunque estas nos hagan falta para entender y vivir, con mayor profundidad, nuestra fe. A Dios hay que entenderlo, no sólo con el intelecto, sino con el corazón y nuestros actos concretos.

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