Mirar al cielo

Lucas 21, 25-28. 34-36

Viene Jesús por segunda vez...
Viene Jesús por segunda vez…


Jesús dijo a sus discípulos: Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, los pueblos serán presa de la angustia ante el rugido del mar y la violencia de las olas. Los hombres desfallecerán de miedo ante la expectativa de lo que sobrevendrá al mundo, porque los astros se conmoverán. Entonces se verá al Hijo del hombre venir sobre una nube, lleno de poder y de gloria. Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación. Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra. Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante el Hijo del hombre.
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Después de leer el evangelio, una de las imágenes que me vino a la cabeza fue el salto, desde 39.000 metros de altura, de Felix Baumgartner. Éste hombre, como sabemos, ha batido varios récords en esa hazaña, entre ellos está el de ser el primer ser humano que rompe la barrera del sonido en caída libre y sin apoyo mecánico. ¿Se imaginan viajar (caer) a 1.342,8 km/h? Este es un acontecimiento único, por lo menos hasta que otro osado logre superar esta marca. Pero lo curioso de todo esto es que millones de personas, en el momento del salto, estuvieron mirando el cielo, a ver qué pasaba con este paracaidista. Bueno, no todos inclinaron la cabeza hacia arriba a ver si distinguían un hombre cayendo de entre las nubes, pero mirar la transmisión en vivo por televisión es algo parecido, aunque más cómodo y económico que viajar hasta el lugar del acontecimiento.

Si nosotros supiéramos el momento exacto, con sponsor y propaganda previa, también saldríamos a mirar la llegada, por segunda vez, de Jesús. Lo cual, según el evangelio, será sobre una nube, lleno de poder y gloria. Y por supuesto, tomaríamos todos los recaudos para recibirlo bien. Habría que llegar a un acuerdo acerca del lugar de aterrizaje. La curia romana en seguida se arrogaría el derecho a ser los primeros anfitriones, aunque sabemos que Jesús puede elegir el lugar menos pensado, como Belén, así que aquí deberíamos estar prevenidos, por si acaso se le ocurre hacer el primer stop en la Argentina.

Pero la realidad es que no sabemos cuándo ocurrirá este regreso del Hijo del hombre. Podría ser mañana, o el mes que viene. Aunque a decir verdad, hace más de dos mil años que venimos escuchando este anuncio y nada de nada. ¿No dijo Jesús que no pasaría aquella generación que lo escuchaba, antes que él regrese? Hasta ahora no sucedió, entonces sólo nos quedaría estar atentos a los signos que nos describe hoy la palabra de Dios. Pero estar atentos a las inclemencias del tiempo, aparentemente, tampoco nos da buenos resultados. Catástrofes naturales han pasado muchas, pero Jesús no apareció en ninguna nube. Luego, ¿Qué debemos hacer? ¿Qué nos queda?

Hay algunos elementos que sí podemos «controlar» y abocarnos a ellos será la mejor inversión de tiempo y esfuerzo a favor de nuestra fe y salvación. En primer lugar tendremos que dejar de lado los miedos. De nada sirven. Más bien deberemos mantener el ánimo fuerte y levantar la cabeza, no para ver cómo viene cayendo el paracaidista, sino para ser testigos de la salvación que nos llega. Tendremos que ocuparnos de hacer obras buenas y no invertir tiempo en lo que al final siempre nos deja con sabor a poco y algo insatisfechos. Y esto significa que es mejor desgastarnos por hacer la voluntad de Dios, que es: Hacer el bien, amar a las personas, ser del Señor. Esto es lo que nos dejará tranquilos y sabremos que, cuando llegue Cristo, siempre vamos a estar preparados. Y probablemente esta sea la mejor forma de estar vigilantes, atentos, en adviento.

Y si hablamos del adviento que comienza, entendemos que es un tiempo de penitencia, y sirve para revisar y poner en orden la casa interior, pero sobre todo es tiempo de espera y esperanza. Esperar a Jesús que llega, en este caso, como un niño que nace para nuestra salvación, pero al mismo tiempo es espera de ese gran momento de la venida de Jesús, al final de los tiempos. Entonces, vienen las preguntas que no podemos dejar de lado: ¿Qué estamos haciendo, o vamos a hacer, para recibir bien a Cristo cuando venga? ¿Cómo vamos llevando nuestra vida?

Aquí cabe mencionar que Jesús vendrá, no para anunciarnos el final y la destrucción de lo que somos. Esta parusía, al igual que la primera venida de Cristo, es para el bien de la humanidad, aunque en esta segunda ocasión lo será para que podamos trascender, gracias a la liberación que es anunciada por el mismo Cristo. Entonces, si es nuestro deseo y opción recibir esta Gracia de Dios, habrá que prepararse, y hoy mismo empezar a actuar. Felix, el paracaidista de los records, actuó, se preparó y por fin logró su propósito. También nosotros tendremos que recorrer un camino que al final devenga en salvación. Ésta es una espera activa, no un estar de brazos cruzados y de puros deseos de que el Señor nos lleve a vivir con él en el paraíso.

Es así que el adviento se vuelve, para nosotros, un tiempo de camino, de espera, de esperanza, de vigilia, de preparación inmediata y remota, para llegar a encontrarnos con el mismo Jesús. Y decimos de preparación inmediata porque nos servirá para estar perfectamente dispuestos y recibir bien el nacimiento del niño Dios. Pero también es de preparación remota porque será nuestro mejor capital para acoger la liberación anunciada por Dios. No podemos dormirnos, es hoy que tenemos que actuar, como si mañana mismo llegara el Señor.

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